Evangelio Católico: Un Cuerpo Concreto y Visible

Una defensa de la fe católica en el siglo XXI

El Evangelio más que doctrina, una Persona

Alguien me invitó recientemente a su comunidad cristiana evangélica, dándome a entender que ser católico tiene algo de malo. Con ese tono de conmiseración que ahora recibo después de mi re-conversión a la fe católica pude recordar -como yo antiguamente- como muchos protestantes de hoy creen poseer el Evangelio en su «sentido completo y puro«. Y es que desde la Reforma protestante en el siglo XVI la Iglesia y el Evangelio se han reducido al marco de lo teórico, como si estos fueran conceptos abstractos que ocurren en el área de las ideas y la especulación teológica donde cada uno tiene licencia para elegir lo que le gusta y dejar de lado lo que no.

¿Es esto así? ¿Es el Evangelio una idea o filosofía? En griego, la palabra Evangelio (euangelion) significa literalmente «Buena Noticia«, y no cualquier noticia, sino una noticia real con consecuencias importantes para todo un reino, como la coronación de un rey o el anuncio de alguna victoria militar. Para los cristianos, estas buenas noticias no son un conjunto de leyes o ritos para cumplir solamente como ocurría con Moisés y el Antiguo Pacto. Estas buenas noticias son también y sobre todo una Persona: el Verbo, la Segunda Persona de la Trinidad, hecho carne y hueso (Juan 1:14), nacido de la Santísima Virgen María que vivió como uno de nosotros para ofrecerse a sí mismo en sacrificio para el perdón de nuestros pecados y el regalo de la vida eterna.

San Pablo lo expresa claramente en su segunda carta a Timoteo: «Yo sé en Quién he creído.» Pablo no dice «en qué he creído.» Para él, esta buena noticia por la cual está dispuesto a dar su vida no es meramente una idea, sino una Persona.

Del Evangelio al Cuerpo Visible

El encargo de Cristo a Pedro - Raffaello Sanzio da Urbino. 1515

Si el Evangelio es Cristo mismo, entonces surge naturalmente la pregunta: ¿Cómo continúa esta Persona divina haciéndose presente en el mundo después de su Ascensión? La respuesta bíblica e histórica es clara: a través de Su Cuerpo, la Iglesia. Cristo no dejó únicamente un mensaje o una filosofía, sino que estableció una comunidad visible que es Su propio Cuerpo místico.

Siguiendo esta línea de pensamiento, si el Verbo encarnado y concreto es el culmen de estas buenas noticias, entonces la naturaleza de la Iglesia como Cuerpo del Verbo en la Tierra ha de ser igualmente una «Iglesia concreta«. Es Cristo quien, a través de la fe en Su Cuerpo y Su Sangre, nos hace partícipes no de un grupo de ideas, sino de una comunidad viva de la cual Él es la Cabeza y nutre a todos sus miembros.

Esto nos lleva al corazón del debate contemporáneo sobre la naturaleza de la Iglesia: si Cristo es el Verbo eterno hecho carne en nuestra realidad, entonces ¿estableció un modelo de Iglesia con una forma, autoridad y enseñanzas concretas y claras, o por el contrario, dejó una idea abstracta sujeta a la libre interpretación de individuos con buenas intenciones?

‘Evangelio Católico’

Sería imposible abarcar en profundidad en este blog la pregunta de si Dios existe o en cuál de todas las religiones Dios se ha manifestado plenamente (muchos libros se han escrito al respecto). Por tanto, en EvangelioCatólico me dirijo principalmente a quienes ya creen que hay un Dios Eterno y Creador de todo; que este Dios se ha manifestado en el Antiguo Pacto a Israel y, de manera más concreta en las Buenas Noticias del Nuevo Pacto, en Jesús de Nazaret, con el fin de traer salvación a toda la humanidad.

El ánimo de estas publicaciones no es desdeñar a quienes no aceptan a la Iglesia Católica como esta Iglesia visible, histórica y plena. Es más bien esclarecer, dialogar y sanar malentendidos -sin caer en el relativismo doctrinal- con el fin de promover la unidad cristiana. Es una invitación a mirar con honestidad académica y espiritual la historia de la Iglesia, la Biblia y la fe que ha sostenido al cristianismo durante dos milenios y dejar que el lector saque sus propias conclusiones.

En primer lugar, examinaré los orígenes de la Iglesia establecida por Cristo y su crecimiento bajo la guía de los apóstoles y sus sucesores. Estudiaré cómo los Padres apostólicos combatieron innumerables herejías y cómo la doctrina cristiana se consolidó a través de los concilios ecuménicos, mostrando una continuidad doctrinal y sacramental visible hasta hoy. En paralelo también abordaré el tema central de la Reforma del siglo XVI, con todos sus elementos teológicos, políticos y económicos; y como ésta ha causado profundas divisiones y confusión en el cristianismo -y por extensión en la sociedad occidental- hasta el día de hoy.

En segundo lugar, analizaré algunas de las doctrinas centrales que han dividido católicos y protestantes durante 500 años; temas como la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la autoridad papal como sucesor de Pedro, los dogmas marianos, la Tradición y el Magisterio, la comunión de los santos, el purgatorio y la relevancia de las obras en la salvación. Trataré de estudiar estas doctrinas desde sus raíces en el Nuevo Testamento, los Padres de la Iglesia, el testimonio de los primeros cristianos que fueron mártires del Imperio Romano en los siglos I-III y la Iglesia establecida en los siguientes siglos.

Y en tercer lugar, exploraré las objeciones más comunes por parte del las comunidades protestantes hacia la Iglesia católica abordando temas como la percepción de idolatría a María y los santos, la salvación por obras solamente, los escándalos morales de sus líderes y hechos de corrupción, etc. También quiero mostrar cómo el Concilio Vaticano II abrió caminos para un diálogo sincero con las comunidades protestantes, reconociendo en ellos los elementos de verdad, virtud y salvación.

En todo este recorrido, seguir el ejemplo de Cristo es indispensable. En su oración al Padre pidió «que todos sean uno» (Juan 17:21), pero esta unidad debe estar «santificada en la verdad» (Juan 17:17). La Iglesia Católica ha actuado como maestra y madre de los cristianos por 2000 años y tiene hasta el presente la responsabilidad de custodiar la verdad que Cristo confió a los doce apóstoles y sus sucesores. La Iglesia, como Israel y sus líderes, también se ha desviado en incontables ocasiones, pero como dijo Jesús a Pedro -y se cumple hasta el día de hoy-: «Tu eres «Cefas» (Piedra en arameo) y sobre esta Cefas (Piedra) edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:18).

Espero con la ayuda de Dios y como nos enseña San Pablo, «hablar la verdad en amor» (Efesios 4:15), y siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II, recordar que «in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas«; en lo necesario unidad, en lo dudoso libertad, en todo caridad.

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